Mundo ficciónIniciar sesión–¿Y bien? Dejen de mirarse y apresúrense. –Nos presionó Ana Sol.
–¿Y qué hacemos con el otro tipo? –quise saber.
–Claramente lo ayudó a realizar el viaje y lo está apoyando, es su cómplice asi que debe ir preso también.
Mi corazón pasó de latir muy lento a 100 kilómetros por hora. –Ese no es papá, no es papa –me susurraba a mí misma. Solo que aunque no lo fuera aun sonaba como él y se veía como los cuadros colgados en la casa de cuando era más joven.
Los pelos de mis brazos se erizaron y como me sentía paralizada fue Liceo quien reaccionó primero, dando unos pasos al frente se acercó a ellos dos. –¡Escuchen! –llamó su atención–. Ustedes dos quedan bajo arresto







