Carmine sonrió al ver a Giacomo y se puso de pie para recibirlo.
—Llegas un poco temprano para el almuerzo —comentó, con una sonrisa, rodeando su escritorio.
—Me moría de ganas por verte, así que decidí venir un poco antes. —Giacomo acunó su mejilla con la mano libre y le dio un suave beso en los labios.
Carmine se aferró a su chaqueta con ambas manos, mientras profundizaba el beso. Le mordió el labio inferior y su lengua se deslizó contra la suya. Se separó cuando el aire comenzó a faltarle.
—