Capítulo 4

— He revisado el registro de esta empresa, sus logros, proyectos y todo y me sorprende que desperdicien material por no saber cómo llevar la b****a. —hablé al hombre que está desayunando en el restaurante.

No quería perder tiempo y vino de visita para que hablemos del asunto.

— Eso lo sabemos. Esperamos que si compras las acciones y formas parte de la directiva de la empresa así la sacaremos a flote.

Asentí y vi la determinación en los ojos del tipo. Es rubio ojiazul con una piel bronceada. Guapo, pero no de mi estilo.

— Entiendo. La pregunta es la siguiente: ¿Los otros inversionistas aceptarán que una aparecida cambie algunas cosas?.

— Es eso o irnos todos a bancarrota y creo que hemos invertido no sólo tiempo sino dinero.—asentí. Una cosa hace a un businessman y es la determinación y el buen ojo en el negocio claro está.

— Entiendo. Quiero formar parte del grupo pero no quiero que el grupo sepa que formo parte de ellos, es difícil aceptar a la hija de una de las competencias. Y no quiero que la competencia sepa que estoy detrás de esto. —lo miré muy fijamente, su iris era muy profunda y tenia un atractivo muy llamativo.

— Entiendo. Es la que tiene mayor porcentaje de acciones por lo cual la hacen la presidente. Aceptaremos sin titubear.

— Señor Gonzalo, quiero que me represente y mi identidad sea anónima, sólo tendré relación con usted, eso lo haría el vicepresidente o el director general de la empresa.

— Exacto.—dejó de desayunar y sacó una libreta.

— Ok. Anote allí. Es una revista que la gente ha dejado no sólo de comprar sino de vender y para ser sincero su contenido no ayuda —negué con la cabeza, el sonrió porqué sabe de lo que hablo—, a nuestro negocio aceptaremos empresas de cualquier ámbito hasta la artística. De toda industria habidas y por haber.

»Nuestra revista web será actualizada diariamente por alguien experimentado en el mundo de la informática, cómo su nombre lo dice Safe Market, buscamos en el mercado todo lo seguro. Farmacéutico, automotriz, educativo. Musical, telecomunicaciones, de todo, alguien se encargará de repartir las áreas y otros harán el papel de paparazzi. Nos convertiremos en la mejor revista publicitaria de todas y se lo digo hoy: llamarán para estar en la portada de Safe Market.

— Eso lo aspiramos.—dijo con ambición

— A usted le dejo ese trabajo, ah y el señor Eriksson nos hará las propaganda pero la condición es que durante el año el estará en la página principal de la revista tanto en la del papel como en la web.

— En eso no hay problema. —seguía anotando.

— También otra cosa. El cambio de imagen del logo y del edificio es necesario. —toqué la mesa con mis uñas — tengo un nuevo trato: una constructora nos reconstruirá algunas áreas a cambio de la publicidad por un año. Es una ganga.

— ¿De donde saca tantos tratos como esos?

— No fui la mejor en vano. Perdón por mi falta de humildad pero le aseguro que muchos querrán venir a trabajar en Safe Market. —él sonrió y se levantó y me estrechó la mano.— me alegra entenderme con usted. Esto será un éxito come llamo Rebeca Graham.

— Así lo creo —se marchó con su maletín y serio como un hombre de negocios.

Me levanté tomé los platos y fui a la cocina. Estaban los chicos y el señor Eriksson.

— ¿Como te fue? —dijo con una sonrisa.

— De maravilla. La próxima semana la competencia se alertaran porque se levantará Safe Market y viene con todo.

— Eso es increíble hija. —dijo con felicidad honesta.

— Viste qué Dios aprieta pero no ahorca. Ahora echaras tus propias raíces.  —opinó Anabelle.

— Si... ¿Y que hacen? —le digo a los que estaban sentados allí.

— Echábamos chistes. Pero todos son malos. —los chicos estaban en su turno de descanso.

— ¡Vamos...! échenme uno a ver...

— Ok —dice uno de los que lavan las losas— ¿Qué tienen en común una mujer embarazada, un niño ahogado y una torta quemada?.—todos miramos con duda y hablé yo.

— Rebeca Graham. —digo al fin y ellos me ven curiosos— estoy embarazada, se me quema hasta el agua y sólo falta ahogarme y viendo mi torpeza innata de seguro termino ahogada hasta con un baso de agua.— se rieron y el chico continua.

— No, la respuesta es que no lo sacaron a tiempo. —se rieron y yo solo negaba.

— Ay muchacho... éstos jóvenes de ahora. —el señor se levanta y sale.

— El ganador al mejor chiste es... Theodore Lloyd.

— Yo continuaré con mi trabajo porqué con ustedes me ahogare...

Salí a atender a otros clientes encontrándome con mis padres. Ellos hicieron no verme y me ignoraron. Vi como el señor Eriksson se acercó a ellos y discutieron, alzaron un poco las voces y por respeto a la privacidad entré de nuevo a la cocina.

Caminaba de un lado a otro.

— ¿Qué sucede? —me preguntó Anabelle.

— Tu papá está discutiendo con los míos. Y algo me dice que estoy de por medio.

— Tranquila... relájate. Luego sabremos.

— No se que pasará. Tengo un mal presentimiento. ¿Y sí me botan?

— No te botaran... eres buena con los clientes. Relájate. Ven y pica estas cebollas, necesito otra mano, un cocinero faltó hoy.

— ¿Y si me pico un dedo? —le digo mientras me lavo las manos.

— Será un menú exquisito con dedos de Becky a la italiana.

— Que graciosa —me puse a mi labor— debo decir que he mejorado en la cocina con tus consejos. Puedo decir que estoy comiendo como alguien normal.

— Mamá fue la que me inculcó la cocina desde chiquita, ella me dejó muchas de sus recetas. Y con ella nació el deseo de la cocina. Cuando murió seguí sus pasos y años después decidí irme a Italia a estudiar lo que me gusta.

— ¿Fue difícil? Ya sabes. . perder a tu madre.

— No se explica el vacío que se siente en el corazón, pero con el tiempo uno se ve acostumbrado, claro al vacío más no a la pérdida, se que está en un mejor lugar. El cáncer es una enfermedad que te roba todo hasta las ganas de vivir desde cada célula. Papá no sé, pero me acostumbré a que sólo estemos el y yo.

— ¿No deseas que eso cambie? Digo: tú papá es joven y tiene derecho al rehacer su vida.

— Claro. Confío en el y espero que sepa escoger a la indicada aunque se que nadie podrá suplantar a mi madre, dejo muchas huellas.

— Eso es triste pero lindo.

Seguía picando y viendo el procedimiento en cada receta y el señor Eriksson llega. Entró molesto y diciendo palabras entre labios.

— ¿Y ahora que? —dice Anabelle

— Tus padres son unos degenerados. Y me disculpas. Pero ahora dicen: que muchos de sus clientes vienen a este local y eso lo desprestigian a ellos como malos padres y que es humillante y que debería despedirte y dejarte a tu suerte.—habla conmigo

— No quería dar problemas.—dije sincera.

— Es que tu no eres el problema cariño. Son ellos, amenazaron con dejar de hacerme publicidad y de hacer que dejen de venir aquí sólo porqué dije que no te echaremos y eso le molestó mas.

— No se de verdad que hay en la cabeza de ellos. Dañar la reputación de otro por sus caprichos —opina Anabelle abrazándome con un solo brazo y el otro sosteniendo el cuchillo

— Basura eso es lo que tienen. ¿Despedirte?, en vez de ayudarte. Has competencia y enfréntalo. —me aconseja.

— Dios me ampare.

— Amén... pero deja de llorar.

— Son las cebollas...

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