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—Eres una llorona —se burló de ella—. Puedes limpiarte con mi camisa, la tuya es nueva y se puede echar a perder.
El corazón de Olivia se aceleró ante la delicadeza de su cachorro bonito.
—¡Casi se me olvida! Vamos a pedir otro helado.
Los ojos del pequeño Alejandro se abrieron de par en par.
—¿Vas a comer otro? ¡Eres muy chiquita para que te quepa tanta comida!
—¡Es para tu mamá, tonto! —Olivia le dio un beso en la mejilla, dejándole algo de babita—. Eres un bobo, alfa.
—¿Por qué me dices alfa? ¡Todavía no me he presentado!
—Yo sé que seré una omega —Olivia chilló y lo apretujó entre sus brazos—. ¡Y tú serás mi alfa! Algo me lo dice en mi corazón.
Los dos cachorros se hicieron del helado y tomados de las manitas volvieron junto a la madre de Alejandro. Ella le sonrió con agradecimiento a la pequeña cachorra rubia.
—Qué amable eres, mi cielito. ¿Cómo te llamas?
Pero antes de que Olivia pudiera contestar, fue atrapada nuevamente.
—¡Jovencita! —Esta vez, cuando Nani la cargó, se aseguró