Capítulo 109. Atados de mano.
Esa noche, cuando Víctor por fin cruzó la puerta de la mansión, se veía exhausto.

Amanda estaba sentada en el sofá de la sala principal, con las piernas cruzadas y la vista clavada en la pantalla de su teléfono móvil.

Al escuchar los pasos de su esposo, bloqueó el aparato y levantó la vista.

—¿Todo bien, Víctor? —preguntó ella, con un tono que intentaba ser neutral, pero que escondía mucha tensión.

Víctor aflojó se dejó caer a su lado en el sofá, frotándose la cara con las manos.

—Más o menos, c
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