Capítulo 108. Verdades que queman.
Víctor respiró hondo frente a la puerta del departamento, soltando el aire despacio para tratar de controlar la ira ardiente que lo consumía por dentro.
Acomodó su saco y tocó el timbre. No podía, bajo ninguna circunstancia, dejar que el pequeño Mattias lo viera convertido en una fiera.
Cuando la puerta se abrió, el niño estaba jugando en la alfombra de la sala con unos bloques de juguetes.
Al ver a Víctor, tiró los juguetes al suelo y corrió hacia él con sus piernitas regordetas y tambaleantes.