Devika miró a su hermano que tenía la mano congelada justo en la perilla de la puerta, él se notaba que estaba procesando las palabras de Kenna.
—Vamos, abre. Al final tú dices que no quieres a Kenna, así que no veo porque te afectan las palabras de ella hacia Selim.
—No comiences, Devika —él respondió con la voz entrecortada y temblorosa —en estos momentos no puedo pensar con claridad y no es por las palabras de la Princesa del Zoco. Solo que me pregunto qué tan conveniente sea que entremos.
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