Debido a la confesión tan inesperada de Kenna, Zahid decidió irse. Él salió por la ventana y se quedó helado al ver que aquella pequeña mujer lo había seguido.
—¡Atrápame, Zahid!
—¡No lo hagas!
Antes de que Zahid pudiera evitar que ella se lanzara por la ventana, se vio sosteniéndola en sus brazos con gran fuerza. Él aspiró el aroma del cabello de Kenna y la jaló a su habitación.
—Entiende, chiquilla tonta. No te convengo, por mucho que deseemos estar juntos es imposible; terminarás por quedar