No podía creer lo que estaba escuchando de Selim, si no lo conociera juraría que está celoso. Pero esto es imposible, no podía estarlo porque él siempre me ha visto como su hermana menor.
—Selim, dame esa maleta —extendí mi mano y moví mis dedos rápidamente —. No tengo tiempo para esta clase de estupideces, hasta donde recuerdo, no eres mi padre, mi hermano o algo que te dé el derecho de decir esas cosas. Incluso aunque lo fueras, no te haría caso.
—No, no pienso darte nada —él lanzó la maleta