Tenía que admitir que imaginaba mil escenarios de todo esto, pero nunca que ella me llegara a abrazar de la manera que lo hacía.
—Me has dado un susto de muerte —ella sollozó —. No vuelvas a hacer eso, lo mejor es que me hubieras dejado caer.
—Lo contrario a lo que piensas, yo sí soy un caballero. ¿En dónde quedaría mi honor si dejo caer a una ballena en el césped?
—Ni siquiera me voy a enojar contigo, puedes quedarte con mi almohada en agradecimiento por haberme salvado. Solo trata de cuidarla