No entiendo cómo es que las mujeres están dispuestas a renunciar a todo con tal de ver a la otra parte bien.
—¡Zahid, cuidado!
Cuando Devika me gritó, me di cuenta de que estaba manejando en dirección de un árbol. Rápidamente, giré el volante y terminamos en un campo.
—¿Estás bien, Devika? —miré a mi hermana y la revisé —cariño, contesta.
—¡Eres un tonto! —ella me dio con el libro que iba leyendo —por poco nos vamos de este mundo y todo porque andas pensando en Kenna. ¡Y no me digas que no! Es