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“¡No!”, lo dijo con un poco de pánico, no queriendo que la fueran a descubrir. Al notar el rostro de asustado del gerente cambió su tono de voz, “No hace falta. No es la primera vez que pasamos por esto… Yo lo llevo.”
“Bueno. Que se recupere pronto…”
La chica no podía caminar muy rápido, había subestimado el peso y tamaño de Mariano.
Al llegar al coche, ella le dice, “déjame yo conduzco… Puedes tener un accidente… Hay una clínica justo a dos calles…”
Mariano la empuja y dice, “no hace falta. Pu