108.
Matilda no logró contenerse más, y se acercó más a Mariano, abrazándolo. No se atrevía a decir palabra.
Solo el calor del cuerpo de ambos y el aroma intoxicante de Mariano le eran suficientes en ese momento. Su mente ya era un nudo.
Mariano la recibió con un abrazo igual de cálido, atrayéndola más a él. Era casi posesivo, como si no quisiera dejarla ir jamás.
Sus manos alrededor de la cintura. Le besa suavemente la cabeza.
Ante este gesto, el estómago de Matilda siente mariposas revoloteando po