Después de ubicar, desde la puerta del baño de mujeres, dónde se habían sentado Sofía y Jaime, Valeria salió, dando una gran vuelta alrededor de la chimenea del centro del comedor, hasta aterrizar, a salvo, en su puesto, frente a su jefe.
—¿Quieres que ordenemos unas entradas? —preguntó Franco luego de indicarle a Valeria que su bebida ya había llegado y que debía probarla, porque era en verdad deliciosa— ¿O prefieres que ordenemos de una vez el plato principal?
La verdad era que Valeria esta