Al salir del edificio y ver el rostro de Franco a través del vidrio panorámico del auto, Valeria pudo apreciar el mismo efecto que causó en el vigilante, pero multiplicado varias decenas de veces. Los ojos de su jefe habían adquirido el tamaño de dos grandes platos y de la boca parecía que se le iba a escapar la lengua si no conseguía cerrarla pronto.
—Valeria, estás… ¡Wow! Fantástica, en serio que sí —dijo Franco cuando logró bajarse del auto, después de casi tropezar porque no consiguió coor