Cuando entraron a la habitación de Carmina, Valeria no pudo resistir acercarse a la cuna que compartía los tres pequeños bebés de su cliente y después de cuchichearlos un rato, Valeria quiso levantarlos y recostarlos contra su pecho. Cuando sintió el calor y la mirada todavía arrugada del primer chiquito, se enterneció y conmovió tanto que no pudo evitar derramar algunas lágrimas.
—¿Cómo va tu embarazo? —preguntó Carmina— Ya muy pronto tú también tendrás a tus pequeños, contigo.
Pese a que so