Después de haber llegado a la tienda de ropa que le recomendó Franco, Valeria se encontró cn Sofía, que también acababa de llegar. El trasteo había salido muy bien y, aunque los jóvenes no se llegaron a quitar las camisetas, sí se sacaron una selfie con Sofía, sentada en el sofá, entre todos ellos, como si fuese una diosa escoltada por fuertes gladiadores.
—Deberías mostrársela a tus papás —bromeó Valeria cuando la vio— y decirles que ese fue el recibimiento a la casa de la señora mayor que va