Cap. 37: ¿Verdad o manipulación?
Al día siguiente, Juliana se despertó con una tristeza que no podía sacudirse. Necesitaba el consuelo y la sabiduría de sus abuelos, así que decidió visitarlos en su hacienda. La casa de María Paz y Joaquín era un lugar de paz y amor, donde siempre encontraba refugio.
Al llegar, fue recibida con abrazos cálidos y sonrisas amorosas.
—¡Juliana, mi niña! —exclamó María Paz, abrazándola con fuerza—. ¿Qué te trae por aquí tan temprano?
—Abuela, abuelo —dijo Juliana, con la voz temblorosa—. Necesito