POV SEBASTIANO
El resto del día transcurrió con el constante zumbido de reuniones, papeles, llamadas y silencios incómodos en los pasillos de mi casa. Nadie se atrevía a hablar de lo que todos sabían: mi madre estaba aquí, y no para una visita cordial. La tensión era palpable, como una tormenta que aún no llegaba, pero cuyas nubes oscuras se acumulaban peligrosamente en el horizonte.
Ya era tarde cuando volví a mi despacho, esperando al menos un momento de calma, pero apenas crucé la puerta, la