Capítulo 104; No sabe amar, ni ser amado.
Angelo, luchaba por salir de la oscuridad, con letargo abrió los ojos, se llevó una mano al abdomen para intentar contener un poco la hemorragia, el líquido carmesí caliente, se colaba entre sus dedos inundando sus manos.
—La. . . Lara. . .— con esfuerzo se arrastró hasta ella, quién permanecía inconsciente, sus heridas no dejaban de manar sangre, mientras él mismo sentía como la vida lo abandonaba de a poco, escuchó como un vehículo rechinó sus llantas al alejarse. —No nos abandones, por favo