14. El me veía como una amiga
Judith López
Esperé como por espacio de diez minutos en aquella habitación solitaria. Mis lagrimas habían cesado eran más de tristeza y coraje que por otra cosa. Un hombre diferente al que me había arrestado de pronto entro a la habitación.
—Tu nombre… —exigió sentándose en la silla frente a mí.
—Judith López —respondí con voz temblorosa, no quería ir presa, no quería estar en este lugar. No había hecho nada malo.
—¿Tienes abogado o te asignamos uno de oficio?
Abrí los ojos de par en par.
—Pero