Capítulo 114. Como miel de salvación.
Valentina jadeó cuando, de la nada, Maxwell, aun con el bebé en brazos, terminó de romper la distancia y le acarició una mejilla. El toque fue inesperado, y sus dedos eran fuertes, pero gentiles, trazando una línea de fuego sobre su piel.
Ella retrocedió dos pasos, sintiendo cómo su corazón estaba latiendo con fuerza.
—¿Qué pasa? —dijo, arisca, tratando de ocultar el temblor en su voz.
—Debiste decirme antes, todo lo que acabas de contarme —murmuró Maxwell, en un susurro que resonó en la habit