— Hace treinta minutos se quedó dormida —Dijo mi madre—. La fiebre le disminuyó notablemente.
Kiara y yo suspiramos aliviados.
— Nos demoramos porque antes de venir hasta acá pasamos a la farmacia a comprar unas medicinas por si llegasen hacer necesarias. —Expliqué— Por cierto, esto es para ti.
Le entregué a mi madre los panes que había comprado, sé cuánto les encantan y sus ojos resplandecieron como estrellas.
— Vaya, vaya esto sí que es una sorpresa, tener a la familia completa en esta ca