Tan pronto como ella dijo esas palabras, su corazón se aceleró. Quería huir de aquí, no volver nunca más a estos apartamentos. La vergüenza lo absorbió mientras el asombro se reflejaba en el rostro del jeque. Ella frunció los labios, consciente de que tal admisión de debilidad sería una forma de que él profundizara más.
Probablemente iba a juzgarla.
¿- Le pido perdón?
Liya lanzó un suspiro de desolación.
- dejarlo su alteza, por favor.
Su tono era suplicante, casi desesperado. Esperaba que él n