La furiosa Liya frunció los labios con nerviosismo cuando su espalda se encontró con su pecho duro y musculoso.
- Ahora me gustaría una explicación, su alteza...
- Zhayar, rectificó exasperado.
Sus largos dedos ejercieron una presión sobre los de ella, lo que provocó un calor que ella trató en vano de reprimir.
Llevaban varios minutos cruzando el desierto en absoluto silencio de muerte. El paisaje, por magnífico que fuera, no podía calmar sus nervios.
- Tendrás explicaciones cuando lleguemos a