—¡¿Que demonios crees que haces, madre?! —exclamó Demetrius furioso, viendo a la mujer con rabia.
—¡Hijo!
—Nada. Has cruzado el peor de los límites, y tú, ¡Te largas, ya mismo! —exclamó Demetrius, se veía tan furioso, como incluso la misma Marina no lo había visto.
—¡¿Por qué haces esto, Demetrius?! ¿Acaso no te importa tu hijo?
Demetrius la miró con rabia, y Sylvia chilló.
—¡Eso tendrás que probarlo, mujer! Incluso si estás embarazada, deberás comprobar que es mío, solo así podré estar seg