Alana volvió a casa antes del anochecer, subió la escalera y encontró a esa mujer, sintió una rabia.
—¡Toma tus cosas y te largas de aquí! —sentenció Alana chasqueando sus dedos.
Sylvia se quedó perpleja, no podía creer lo que escuchaba.
—¡Alana! ¿Por qué me maltratas de esa forma?
Alana la miró con rabia, tomó su brazo con fuerza.
—¿Creíste que nunca lo sabría? Que fuiste tú la que metió a Marina Hall, ebria o drogada, en la cama de mi hijo Demetrius.
Sylvia retrocedió un paso, sus ojos e