Demetrius suplicaba a Demian que acelerara, pero de pronto le pareció que las habían perdido.
Glenda parqueó en un edificio, era el mismo donde ella rentaba un apartamento hace tiempo, se detuvo, las niñas lloraban y gritaban, abrió la puerta, tomó a Ady cargada, y llevó a Mady casi arrastras.
—¡Cállense, niñas, o no las llevaré con su papito!
La mujer las subió al elevador.
—¡¿Por qué eres mala, Glenda?!
—¡Silencio! —exclamó la mujer, estaba temblando de miedo.
«¡Por lo menos con estas mo