Victoria hizo un gran esfuerzo, y bajó a desayunar, llegó al jardín, encontrando a Penélope, los niños y Russell Hesmer, quien, al verla, no evitó levantarse y acercarle la silla, ella sonrió, agradeció.
—Buenos días, señorita Victoria, bienvenida, me alegra verla mejor, antes le agradezco, ayer cuidó a mi nieta, estaré en deuda con usted, siempre.
Victoria sonrió.
—No tiene que agradecerme, todo lo que importa es que Danna esté bien.
Danna la miró, su rostro denotaba vergüenza y culpa.
—Yo