Narra Olivia:
Un enorme temblor se apodera de mis manos y de todo mi cuerpo, sacudiéndome levemente. Siento otra vez ese malestar general que me ha asediado desde ayer y me dejo caer en unos de los asientes del laboratorio. La chica de recepción me mira preocupada y sale corriendo de su cubículo para socorrerme, alarmada por mi debilidad.
—Señorita Báez, ¿se siente bien? —pregunta, tomando mi mano. —pero si tiene las manos heladas. Ya le traigo un vaso con agua —ofrece servicial y me deja sol