Narra Olivia:
Todas mis inseguridades se van confirmando a medida que la cena avanza y tan solo con traernos el menú, ya tengo unas horribles ganas de devolverme. No es que me traten mal, pero hay miradas que dicen más que mil palabras y la señora Lucy sabe bien cómo expresarlas. A diferencia de su hijo y de su esposo, quienes me tratan con un cariño indecible, ella es fría y me mira como si fuera una extraña que ha conocido en la calle, de quien tuviera que cuidar su bolso.
Andrés y su padre