Capítulo 7 - Fetiche

Sostuve la carta en mis manos leyéndola con detenimiento... «¿De cuando acá este es poeta?» Me pregunte, el calor de mi cuerpo incremento nuevamente, así como el de mi entrepierna... ¡Mierda! Esto será muy duro.

No negare que sus palabras me hicieron sentir una mujer deseada, importante y atractiva. Pensar que yo puedo provocar todo eso en él, me lleno ese ego que todos tenemos. Me deje caer en la cama, aquella que aún tenía su exquisito aroma.

Me acurruque entre las sabanas abrazando mi almohada, quería que su perfume siguiera alegrándome la vida. ¿Sera posible sentir algo por él? ¿Tan rápido me había olvidado de Sebastián?

Para este punto el sueño había huido de mis ojos, las caricias de Dante seguían impregnadas en mi piel. Mi mente se debatía en el error que estábamos cometiendo, la tristeza me invadió ante el pensamiento. ¿Seria yo capaz de seguir con esto y arriesgarme? No lo sabía, más bien tenía miedo.

La decepción de mis padres seria grande, la de mis abuelos mas y ni se diga mis tíos... siempre fui la princesa de la casa, la niña consentida pues soy la única mujer entre cuatro primos. Siempre he estado en ese pedestal que, si descubren esta situación, perdería toda su confianza y el amor que me han dado.

Una lagrima salió de mis ojos, ¿Qué podía hacer? Es claro que me gusta el sexo que tenemos, pero, no pienso involucrar mi corazón. Debo hablar con el y llegar a un acuerdo o alejarnos, después de todo, estaremos en diferentes brigadas, ¿Qué otra cosa podría arruinarse?

Dante...

Sus palabras son un penal en mi corazón, la rabia me envuelve al escucharla decir que esto solo es sexo... ¿Tan bajo me veo para ella? ¿Por qué no se da cuenta?...

«Porque eres su familia, recuérdalo... ella está arriesgando mucho y tu también...» recrimino mi mente una vez más, eso la sabia claro que lo sabía. Pero yo no me obligue a sentir esto, por mucho tiempo trate de olvidarla, de no pensar en ella como mujer. Me mantenía entrenando, saliendo sin compromisos con nadie, sabía que debía olvidarla, pero no pude.

Jamás intente una relación con alguien mas pues no me parecía justo ilusionar a otra persona con la intención de sacar otro clavo. Me propuse tener esa relación cuando mi corazón no sintiera nada por ella, pero, parece que con el tiempo no pude eliminarlo.

Pero, ella tenía razón. Había mucho en juego por esta locura y, yo no quería arruinar su futuro. Si mis padres se enteraran o mi hermano, seria no solo mi fin si no el de ella. Ha sido la princesa de la casa, la reina de todo lo que tenemos. Las expectativas que mi familia tiene para con ella son demasiado altas y eso, mancharía su nombre.

Me dispuse a terminar el desayuno en silencio, así como en el transcurso de llevarla a su casa. Tenia que pensar en una forma de eliminar este sentimiento. Me despedí de ella y, cuando la observé mirar hacia mí, supe interpretar todo aquello que ella no podía decirme.

Quizás si me quería como yo a ella, pero, tenía miedos, unos que no podía yo calmar.

Arranque el auto y regrese a mi departamento para limpiar todo, su perfume seguía impregnando en cada rincón de mi hogar. Ella siempre lo ha complementado ¿Por qué teníamos que ser familia? ¿Por qué no podía tener un rayo de esperanza?

No hablaría con ella esta semana, debía darnos el espacio necesario para aclarar nuestros corazones. Mantener esto a raya era la mejor manera de olvidar todo esto... si es que pudiera hacerlo.

Me senté frente a mi computadora tratando de distraerme, pero no lo conseguía. El recuerdo de su cuerpo acariciando el mío, la forma en que ella me besaba, esa mujer ardiente que no tenia miedo de mostrarse en la cama. ¡Rayos!

Cerré la computadora y tomé una de mis libretas donde tenia innumerables poemas dedicados a ella. Pasé las hojas hasta una en blanco y comencé a escribir todo mi sentir, su cuerpo, sus besos, mis deseos mas profundos por ella. Se que puedo parecer un loco, pero, esta es la primera vez que escribo algo erótico por ella y para ella.

Quizás si ella los leyera... no, pensaría que soy un pervertido y no quiero alejarla más, ya suficiente tengo con lo que pasamos como para aunarle esto. Cerré la libreta al terminar logrando sacar todo este deseo en ese poema tan explícito. Pude respirar de alguna forma.

Los siguientes días me dedique completamente a mi negocio y mi preparación para el entrenamiento. Estaba contento de servir a mi país y cumplir mis metas al lado de quien amo. El día en que llegamos a la base me la encontré parloteando por ahí, iba caminando con mi mejor amigo mientras charlábamos sobre el escuadrón en que podíamos pertenecer.

Nos invito a comer en la cafetería y curiosamente comento que esa noche la pasaría sola. Una idea loca cruzo por mi cabeza, la había extrañado demasiado y ahora sabia que ella a mi también... debía arriesgarme por ella y por nosotros.

— ¿En qué tanto piensas Dante? — pregunto Ian cuando me quede observando a la nada después del entrenamiento.

— En nada, mañana nos darán nuestros grupos, ¿Estas nervioso? — cambie el tema, no debía saber que estaba planeando escaparme para ver a mi sobrina.

— ¡Emocionado! — exclamo alegremente — sobre todo porque estaremos cerca de unas hermosas nenas... — expreso con picardía.

— Idiota — golpe su hombro y el hizo lo mismo.

— Por cierto ¿Cuándo vas a conseguirte una novia? — pregunto sin dejar de mirar a las hermosas tenientes que teníamos en frente.

— No sé, quizás cuando ella me acepte... — exprese sin pensar.

— ¿Estas enamorado? — pregunto sorprendido — ¡Mierda, tienes que contarme! — comencé a reír ante mi estupidez.

— Solo diré que es especial y, un tanto difícil de alcanzar — me miro pensativo y embozo una sonrisa pícara.

— ¿Te gusta una Teniente coronel? — solté una risa fuerte atrayendo la atención de todos.

— No, pero si todo sale bien, quizás un día puedas saber — me levante del suelo poniendo una toalla en mi cuello y camine hasta mi dormitorio decidido a llevar a cabo mi plan.

Esa noche casi no habían llegado todos por completo así que era mi oportunidad perfecta para verla y recordarle lo mucho que ambos nos deseamos.

Pasadas las once de la noche corrí como loco a su dormitorio evadiendo las cámaras de seguridad. Entre por la puerta de servicio y me encamine hasta su dormitorio, era arriesgado sí, pero no podía pensar en otra cosa que no fuese su cuerpo sobre el mío ahora.

Llegue hasta su dormitorio el cual investigue con anterioridad y ¿Saben por qué? Bueno, mi padre me encargo que cuidara de mi sobrina así que, tengo acceso libre a su información, gracias a que mi padre es uno de los mejores Aviadores que una vez existió.

Toque su puerta y cuando me abrió ahí estaba ella en un diminuto Sorto y su playera de tirantes. Me perdí en la imagen de sus pezones erector que inmediatamente entre en la habitación y la arrinconé contra la puerta.

— ¿Qué m****a haces Dante? ¡Te puedes descubrir! — señaló molesta y a la vez preocupada.

— Lo sé, pero te he extrañado demasiado. Tengo tiempo de sobra y no te preocupes que soy un experto en escapes — bese sus labios furtivamente, no quería darle el tiempo de que ambos nos arrepintiéramos.

La tomé entre mis brazos y la alce quedando sus piernas enrolladas en mi cintura, nuestros besos eran hambrientos y ahí fue cuando supe que, al igual que yo, me deseaba. Metí mi mano en su pijama descubriendo que no llevaba sostén... ¡Gracias a los dioses del amor!

Separe mi boca de la suya y saboree su exquisito seno, mi lengua se enrollaba en su duro pezón haciéndola gemir. Calle sus gemidos con otro beso y la lleve a la cama donde disfrute de ese exquisito festín.

Sus pechos eran tan deliciosos que mis manos los estrujaron con fuerza, lamer cada uno producía un placer poderoso en mí, mi pene dolía al desear su liberación. Mi mano recorría con alevosía su vagina ya húmeda, adoraba ella se sintiera de esa forma por mí.

Mis dedos entraban y salían con facilidad mientras mi pulgar acariciaba su clítoris haciéndola vibrar como me gustaba. Besé sus labios nuevamente y me dispuse a saborear el manjar que tanto me gustaba: su exquisita feminidad.

Quite las prendas de un tirón dejándola desnuda para mí, sin esperar nada mi boca bebió de su exquisito néctar, era como un fetiche para mí. Comer de ella y beber se estaba convirtiendo en una adicción sin igual.

Escuchar sus deliciosos gemidos me estaban llevando a la locura, la puse boca abajo, liberé mi pene y de rodillas en la cama introduje mi lengua nuevamente en ella mientras mi mano estrujaba mi pene moviéndose de arriba abajo.

Masturbarme mientras le daba sexo oral a la mujer mas hermosa del mundo, era una jodida locura, pero, daba todo por que pudiéramos continuar.

Movía sus caderas a la par de mis lamidas mientras yo gruñía desde lo mas profundo de mi ser, mi mano trabajaba con locura pues quería llegar al clímax. Mi pene estaba duro al igual que mis bolas, así que tome su trasero acercando mas mi rostro a su jugosa vagina.

— ¡Mierda, me corro! — grito contra la almohada y sentí todos sus jugos derramándose en mi boca. Seguí masturbándome hasta que mi pene exploto haciéndome jadear con fuerza, esta sensación era la más exquisita de todas.

Me levanté observando que jadeaba por el orgasmo que tuvo, le di una nalgada y ella pego un buen gemido.

— Dante... — me observo con ese fuego en sus ojos que ansiaban más.

— Dime lo que deseas preciosa... — tomé mi miembro y comencé a bombearlo, estaba muy excitado.

— Dentro de mi... te quiero... ¡Aaah! — la penetre de golpe y con rudeza. Sabia que así le gustaba y le daría como ella deseaba. Por ella yo hago cualquier maldita cosa y yo obedecería.

Tome su cabello entre mis manos para un mejor empuje, su interior me envolvía de la manera mas sabrosa y rica, como anhelaba sentirla. Mi pene entraba en ella una y otra vez, probándole espasmos y gemidos de placer.

Una, dos , tres, cuatro embestidas le bastaron para llegar al clímax nuevamente estallando en un maravilloso suerte. Jamás había presenciado algo así, mi pene y mis bolas siendo bañados por sus deliciosos jugos. Seguí penetrándola con mas fuerza extendiendo su orgasmo hasta que llegué al mío.

Jadeando aun la atraje a mí y besé sus labios, era hora de irme o nos descubrirían.

— Que esto nos sirva de prueba sobre lo que ambos sentimos — le dije con firmeza, ella me observo atónita y yo emboce una sonrisa estúpida — te adoro preciosa.

Acomode mi ropa y Sali de la misma forma que entre, nadie me vio, nadie me descubrió, pero esta sería la única vez que me arriesgaría a entrar en su dormitorio o nos castigarían severamente a ambos y no arriesgaría sus metas por esto. Debía conquistarla poco a poco, logrando enamorarla como yo lo estaba de ella.

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