Aetos
La gente me hartaba, fastidiaba a niveles exorbitantes metiéndose en la vida de los demás, sintiéndose lo suficientemente grande para opinar, como si sus vidas fueran perfectas. La familia de Calista me parecía más insoportable que la mía, eran hipócritas y falsos. Al menos la mía no se molestaba en fingir cordialidad, en que sentían ágrafo por ti. Te odiaban y te lo decían en la cara.
Cerré la puerta de golpe preguntándome una y otra vez que hacía en aquel lugar, visitando a quienes no