Calista
El viento agitó mi cabello con ferocidad al salir del Jet, dos camioneta esperaban por nosotros y sus respectivos choferes. Aetos no me acompañaría a casa hasta después de su reunión con el señor Oikonomou.
—Nos vemos más tarde —se despidió de mí antes de abordar la camioneta al mismo tiempo que yo lo hacía con la otra. Me dediqué a ver la ciudad que conocía de memoria a través del cristal del auto, extrañaba mucho conducir por mi cuenta e ir a cualquier lugar que deseara. En Atenas n