Calista
—Estás advertida Alysa —dio una última mirada a todos, disfrutaba del poder que te la sobre ellos, lo notaba. Que todos obedecieran su palabra, que le mostraran respeto y les tocara tragarse todo lo que tenían por decirles.
Ambos caminamos a nuestra habitación dejando a los demás en completo silencio, con el fastidio impregnado en sus caras. A nadie le gustaba que les dijeran que hacer o no, medir sus pasos por una estadía en esta casa no valía vivir bajo el mandado de alguien más.