Calista
Volví a la mansión yendo al jardín oyendo todavía el desorden que se tenían arriba, no quería entrometerme en eso y tampoco quería que sus gritos me causaran migraña. Contesté una llamada de madre mientras una de las empleadas me servía café.
—¿Cómo están las cosas por allá, cariño? Vi que ayer te molestaron —preguntó con un tinte de preocupación en su voz.
—Están mejor, Aetos está solucionando y esta noche darán el comunicado a la prensa.
—¿Tú cómo estás?
—Bien, un poco ocupada con