Calista
Entré a la mansión con las bolsas de compra en mano, había un silencio sepulcral en el lugar lo cual era algo bueno para mi gusto. Me acerqué a la cocina, quería que prepararan una deliciosa cena en el balcón de la habitación para esperarlo.
—Buenas tardes, señora —me saludó la joven Delia, le sonreí en respuesta dándole una ligera mirada a los que se encontraban en el lugar.
—Pensé que había sido clara, señora Dorotea.
La mencionaba frunció el ceño y me miró interrogante.
—¿A qué s