Liliana caminó manteniendo su autocontrol a tope, tenía mucho tiempo deseando poder abrazar a su hija, poder darle un beso, se acercó y cada paso era un latido de su corazón un suspiro más y un instante de felicidad. Al tocar su mano Liliana no pudo aguantar
— Hija, tan bella ¿cómo estás Emi? te extrañé.
Ella estaba despertándose pero alcanzó a sonreír.
—Mamá qué bueno que ya estás afuera, ya estás bien.
—Sí hija, ya lo estoy bien pero tú dime ¿cómo estás hija? ¿Cómo te sientes?
En ese momento