Punto de vista de Raven
Cuando regresé a nuestra habitación, el aire se sentía diferente. No era la cómoda y ruidosa charla a la que estaba acostumbrada. Sheila y Dan estaban sentados en sus camas y, en cuanto entré, se enderezaron, con los ojos muy abiertos. Mantenían una extraña y respetuosa distancia de mí, como si fuera algo peligroso.
—Oh, dejen de ser ridículos —dije, lanzando mi chal sobre mi cama—. Sigo siendo Raven. No me ha crecido una segunda cabeza.
Sheila me dedicó una sonrisa píca