Terminando la velada, Simon y Emma se despidieron de un beso en la mejilla en el pasillo, la inauguración había sido un éxito y estaban abatidos por el cansancio, se dieron una ducha ambos pensando en lo hermosos que lucían esa noche, hasta que una cálida brisa los envolvió en sueños profundos de amor.
Al otro día la puerta de Emma sonó temprano, al abrir vio a Simon con ropa casual.
—¿ Vamos a recorrer?— Emma aún despeinada lo hizo pasar mientras ella iba por una muda de ropa.
—¿ dónde vamos?—