Eric estaba sentado en una de las sillas duras del pasillo, con los codos apoyados en las rodillas y las manos entrelazadas delante de la boca.
No había dejado de mirar la puerta del área de observación desde que la cerraron detrás de ella. Tenía la camisa arrugada, las manos aún marcadas por haberla cargado, y un dolor en el pecho que no sabía cómo contener.
El murmullo del hospital, los pasos del personal, los pitidos de los monitores… todo le llegaba como si estuviera sumergido en agua. No es