Catalina decidió seguir las palabras de Edgar. Catalina se acostó abrazando con fuerza el cuerpo de Edgar. Era evidente que se trataba de un gobierno absoluto: si se acostaba sin abrazar a Edgar, él se enfadaría y la castigaría con algo que la dejaría agotada.
Pero por mucho que Catalina intentara dormir, no podía conciliar el sueño, ya que, además de no tener sueño, seguía pensando en quién había atacado la casa de Edgar.
«¿Aún no te has dormido?», preguntó Edgar mientras acariciaba suavemente