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Capítulo 42: Dante pierde el control

Al día siguiente de la rueda de prensa, mientras Elena descansaba en su habitación intentando recuperarse del agotamiento emocional de la jornada anterior, Dante convocó una reunión de emergencia con su equipo legal y de seguridad, decidido a llevar las consecuencias contra Bruno mucho más allá de lo que Elena había anticipado.

—Quiero que investiguen exhaustivamente cada transacción financiera de mi sobrino durante los últimos seis meses —ordenó Dante, con una voz gélida que sus abogados reconocían como la señal inequívoca de que había entrado en un modo de determinación implacable —Y quiero también que identifiquen a cada persona que haya colaborado con él en cualquiera de estos ataques, comenzando por el fotógrafo que contrató.

—Señor Moretti, el fotógrafo ya colaboró voluntariamente con nuestra investigación —señaló uno de los abogados, con cierta cautela — Considerando su cooperación, quizás sería razonable mostrar cierta clemencia hacia él.

—No habrá ninguna clemencia para nadie que haya participado en intentar destruir la reputación de mi esposa —cortó Dante, con una dureza que sorprendió incluso a su propio equipo legal, acostumbrado normalmente a la frialdad calculadora pero justa de su empleador —Quiero que ese fotógrafo pierda absolutamente cualquier contrato profesional que mantenga con clientes relacionados con nuestra industria. Contactaré personalmente a cada uno de mis socios comerciales para asegurarme de que jamás vuelva a trabajar en este círculo profesional.

Aquella orden, pronunciada con una frialdad implacable, generó cierta incomodidad visible entre los presentes, aunque ninguno se atrevió a contradecir directamente a Dante en aquel estado de determinación absoluta.

Durante los siguientes días, Elena comenzó a notar consecuencias considerables desplegándose alrededor de las personas involucradas en el escándalo. El fotógrafo, a pesar de su colaboración voluntaria con la investigación, perdió repentinamente varios contratos profesionales importantes, viéndose obligado a cerrar completamente su pequeño estudio fotográfico apenas una semana después.

—Dante, ¿tú tuviste algo que ver con que el fotógrafo perdiera todos sus contratos? —preguntó Elena, una tarde, después de que Marisol le comentara, con cierta preocupación, sobre la situación devastadora que el fotógrafo enfrentaba actualmente.

—Simplemente me aseguré de que la industria conociera completamente su falta de ética profesional —respondió Dante, sin ningún atisbo de remordimiento en su voz —Cualquier persona dispuesta a colaborar en una campaña de difamación tan cruel merece enfrentar las consecuencias profesionales correspondientes.

—Pero él nos ayudó voluntariamente, Dante —protestó Elena, sintiendo una inquietud creciente ante la dureza inflexible que su esposo mostraba respecto a aquel asunto —Testificó formalmente contra Bruno, arriesgando considerablemente su propia reputación profesional al hacerlo. ¿No crees que merece cierta clemencia después de haber colaborado tan abiertamente?

—Elena, ese hombre aceptó dinero para capturar imágenes deliberadamente diseñadas para destruir tu reputación —respondió Dante, con una frialdad que Elena no le había presenciado con tanta intensidad desde el inicio de su matrimonio—El hecho de que después decidiera colaborar con nosotros no borra completamente la responsabilidad original que asumió al participar en este ataque.

Elena sintió una inquietud profunda ante aquella respuesta, reconociendo, quizás por primera vez con total claridad, una faceta de Dante que había permanecido oculta durante los meses de creciente cercanía romántica entre ambos: una capacidad implacable de venganza que trascendía considerablemente cualquier noción convencional de justicia proporcional.

Sus preocupaciones se intensificaron todavía más cuando descubrió, apenas unos días después, que Dante había también logrado que uno de los editores del portal de noticias que había publicado originalmente las fotografías fuera despedido completamente de su puesto, además de presionar activamente para que aquel medio enfrentara sanciones considerables por parte de las autoridades regulatorias de comunicación.

—Dante, esto se está saliendo de control —dijo Elena, encontrándolo en su despacho, revisando documentos legales relacionados con aquellas sanciones adicionales —Entiendo tu deseo de protegerme, pero destruir completamente las carreras profesionales de estas personas parece excesivamente cruel, considerando que ellos simplemente fueron manipulados por Bruno para participar en este ataque.

—Elena, necesito que confíes en la manera en que decido manejar estas situaciones —respondió Dante, con una frialdad que contrastaba enormemente con la ternura que había mostrado hacia ella durante los últimos meses —Nadie que intente dañarte a ti o a nuestro hijo puede esperar salir completamente impune de las consecuencias.

—Pero, ¿y la proporcionalidad, Dante? —insistió Elena, sintiendo una alarma creciente ante aquella determinación implacable—. Ese editor probablemente solo cumplía órdenes de sus superiores. Y el fotógrafo, aunque cometió un error grave, colaboró completamente con nosotros después. ¿Realmente crees justo destruir sus medios de vida por completo?

Dante se quedó en silencio un momento, y Elena pudo notar, por primera vez, un destello de algo mucho más oscuro y peligroso cruzando su expresión, algo que ella reconocía vagamente como los restos de una ira profunda y acumulada durante años enteros de dolor no resuelto.

—Cuando Isabella murió, Elena, sentí una impotencia absoluta ante circunstancias que jamás pude controlar completamente —confesó finalmente Dante, con una voz cargada de una emoción compleja —Desde entonces, prometí que jamás volvería a sentirme tan indefenso ante cualquier amenaza dirigida hacia las personas que realmente me importan. Y ahora que finalmente encontré nuevamente algo genuino que proteger contigo y con nuestro hijo, no voy a permitir que nadie, absolutamente nadie, intente arrebatarme esta felicidad sin enfrentar consecuencias severas.

Elena sintió que el corazón se le encogía ante aquella confesión, comprendiendo finalmente la raíz profunda detrás de aquella determinación implacable que Dante mostraba en su búsqueda de justicia, aunque aquella comprensión no lograba disipar completamente la inquietud genuina que sentía ante aquel lado más oscuro y vengativo de su esposo.

—Dante, entiendo perfectamente tu necesidad de protegernos —dijo, con cautela, eligiendo cuidadosamente cada palabra—. Pero me preocupa profundamente que esta sed de venganza, por más justificada que puedas sentir que está, termine convirtiéndote en alguien completamente distinto al hombre del que me enamoré durante estos últimos meses.

Dante la observó fijamente, con una expresión que combinaba sorpresa y una vulnerabilidad genuina ante aquel señalamiento tan directo.

—¿Realmente crees que me estoy convirtiendo en alguien distinto, Elena? —preguntó, con una voz que había perdido considerablemente la frialdad anterior.

—Creo que el hombre que escuchó los latidos de nuestro bebé con lágrimas genuinas en los ojos, el mismo que me defendió con tanta ternura frente a su propia familia durante aquella cena hostil, es el hombre del que me enamoré profundamente —respondió Elena, con sinceridad —Pero este Dante que veo ahora, decidido a destruir completamente las vidas de personas que, aunque cometieron errores, no representan una amenaza real y continua hacia nosotros, me genera una preocupación genuina sobre hasta dónde estás dispuesto a llegar.

Dante permaneció en silencio un largo momento, procesando profundamente aquellas palabras, antes de finalmente suspirar, con una expresión que reflejaba un reconocimiento gradual de la validez del señalamiento de Elena.

—Quizás tengas razón, Elena —admitió finalmente, con una vulnerabilidad genuina —Quizás mi determinación de protegerte a ti y a nuestro hijo me esté llevando hacia territorios que no representan verdaderamente quien quiero ser como esposo y como padre.

—Solo te pido que encuentres un equilibrio, Dante —dijo Elena, con ternura, tomando su mano—. Entre proteger a nuestra familia con la fuerza y determinación que sé que posees, y mantener la humanidad y la compasión que también forman parte fundamental de quien realmente eres.

Dante asintió lentamente, aunque Elena pudo notar que aquella conversación había abierto una grieta considerable en la confianza absoluta que había depositado en la manera en que su esposo manejaba los conflictos, una grieta que, sin ninguna duda, ambos tendrían que trabajar cuidadosamente para resolver en las semanas venideras, mientras Bruno, todavía libre de cualquier consecuencia legal directa por sus acciones, continuaba planificando, silenciosamente, su próximo movimiento contra la familia que tanto deseaba destruir.

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