El bosque se alzaba ante Kyra como un antiguo y enigmático guardián, su verde dosel era una catedral de susurros y secretos. Los rayos del sol atravesaron el denso follaje, proyectando un mosaico de luces y sombras sobre el suelo de helechos mientras se abría paso entre la maleza, sus pasos silenciosos sobre la alfombra de agujas de pino.
De pronto escuchó un par de voces, voces que reconoció a la perfección. Kyra hizo una pausa, oculta por una cortina de sauces llorones, cuyos zarcillos se bal