Daniel observaba desde su ventana, sus ojos admiraban sus tierras. Desde lo alto tenía una vista completa. El aire era fresco, pero Daniel se sentía confiado; su manada era fuerte y habían vivido en este territorio durante generaciones.
Un sentimiento de melancolía se instaló en su corazón al saber que hijo había nacido y aún no lo conocía. Su más ferviente deseo era encontrarlos.
—¿En que tanto piensas cariño? —Agatha deslizó su mano por el hombro de Daniel.
Daniel se removió y se apartó de