Darius guio a Isabella a través del denso bosque que bordeaba el territorio de la manada, donde los árboles se alzaban como antiguos centinelas, sus hojas susurrando secretos en la suave brisa. El sol estaba bajo, pintando el cielo en tonos naranja y rosa, proyectando un cálido resplandor sobre la naturaleza salvaje.
—¿Siempre es así de hermoso aquí? —Preguntó Isabella, su voz teñida de una rara suavidad que parecía filtrarse en el aire fresco que los rodeaba.
—Siempre. —respondió Darius, sus o