El eco de mis pasos resuena en el pasillo del hospital mientras camino de un lado a otro, incapaz de quedarme quieto. El olor a desinfectante y el zumbido constante de las máquinas me rodean, recordándome dónde estoy y por qué. Cada vez que las puertas del ascensor se abren, mi corazón da un vuelco, esperando ver a alguien con noticias. Pero no es así, y la espera continúa, interminable y agonizante.
Miro mi reloj por enésima vez. Han pasado cuatro horas desde que Eylin entró al quirófano. Cuat