La llamada de Esme me ingresa, miro a Alicia y digo—. Creo que ya debemos irnos.
—¿Por qué? —sigue agarrando cosas.
—Te dije que tenía una reunión en el almuerzo con mi hermana.
—¿Por qué no le dices que venga y así vamos las tres a almorzar? —muerdo el labio y me quedo en silencio— Entiendo, no puede.
—Esme… —ella es rencorosa igual a papá. Pero ella guarda rencores a quienes se lo merecen, no es fácil de perdonar. Estoy segura de que, si ve a Alicia, la hiel se le reventará. Dylan y Esme tien