Ver a Dylan Mancini a pocas horas de la boda es algo que no esperaba, menos que se aventara encima con esa ira con la que me ataca.
No soy un buen peleador. Jamás me gustó eso de los golpes. Siempre fui un niño, adolescente y hombre razonable, que ante cualquier problema lo solucionaba hablando.
Sé que, si Thomas Mancini no hubiera interferido, Dylan me hubiera desfigurado o roto las costillas. Pero, gracias a que el gemelo intervino, solo impactó mi cuerpo contra la pared.
—¡¿Por qué con mi he