Cuando su teléfono la despertó, Janeth sintió un fuerte impulso de ignorarlo. En cambio, lo cogió y, sin mirar el identificador de llamadas, contestó.
—¿Diga?
—Bueno, buenos días a ti también.
Janeth reconoció a su amiga, quien era su médico.
—Hola, Sylvia. Lo siento, estuve despierta casi toda la noche.
Y era verdad, estuvo platicando hasta tarde con Ray, tanto que ni siquiera recordaba en qué momento se quedó dormida.
—Bueno, eso explica por qué no estás aquí.
—Oh, mierda —Janeth rodó sobre s